En realidad de lo que hablábamos era de la felicidad, bienestar (con uno mismo) y de que si no se le da permiso a lo externo para molestarte, la felicidad está dentro de uno mismo.
No comento más eso aquí, porque ya lo hice allí.
Solo pego el mensaje, tal como lo escribí en su día, porque cuando leí la frase de marras, me pregunté cómo se le podría aplicar a aquellas mujeres, o a tanta gente en situaciones parecidas o incluso peores....
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Creo que éste va a ser mi panel favorito desde ahora. Porque yo, como hobbie, practico el intentar mejorarlo todo. Lo que tengo al lado o muy cerca, pero tambien lo que me queda muy lejos. No hace falta pertenecer a ninguna ONG para hacer algo positivo por los demás, pero te da una visión más completa de donde están los problemas y de lo que cada uno puede hacer, aunque sea poco para, si no arreglar, por lo menos no seguir empeorandolo todo.
Yo, puedo hablar y hablo, de lo que sé y conozco, de lo que he vivido en primera persona, sobre un asunto del que muchos hablan, opinando sobre todo por la idea que se hacen de las cosas que leen y que otros han escrito.
Hace unos quince años, buscando trabajo después de un divorcio que me dejó sin ganas de nada más que liarme a trabajar todas las horas del mundo para no estar autocompadeciendome todo el día y, de paso, conseguir una autonomía que hasta entonces no necesitaba, me presenté en una empresa de confección, que puso un anuncio en el periodico, buscando inspectoras de calidad, monitoras de talleres y no sé cuantas cosas más.
La empresa se llama MAYORAL y tenían unos cuantos talleres de confección por algunos pueblos de Málaga y Cadiz.
Yo no solo no era nada de lo que pedía el anuncio, sino que ni siquiera sabía qué tipo de trabajo era ese. No envié ningún curriculum por lo mismo.
Me fuí directamente a presentarme porque el sueldo era de 200.000 pesetas, que en aquel entonces, incluso aquí, merecía la pena intentar conseguir el empleo.
No engañé a nadie, de entrada les dije que no tenía ni idea de confección, ni de calidad, ni de talleres ni maquinaria, pero que fuera lo que fuera, si me daban la formación necesaria, estaba dispuesta a trabajar para ser la mejor en el menor tiempo posible. Al día siguiente estaba haciendo las maletas para ir a Madrid y hacer un curso de tres meses. Monitora, visitadora e inspectora de calidad.
Ganaba bastante más de las 200.000 prometidas, porque no paraba de viajar y lo tenía todo pagado y por cada viaje te pagaban un plus. Durante dos años todo fué perfecto, aunque ya estaba frenando un poco el ritmo, pero creo que hice más km. que muchos camioneros!
Después de eso, fueron poco a poco cerrando talleres (ahora en Málaga no queda ni uno) y abriendolos en Marruecos, en la India, en Indonesia y en China. Marruecos es un país maravilloso, precioso, que a mí me fascina, tanto como su cultura y su gente. Desde que fuí por trabajo y no por placer, no he vuelto a pisarlo porque ya no podría disfrutar de todo lo que el turista tiene a su alcance sin saber lo que se esconde detrás.
Cuando fuí a la India enfermé de un montón de cosas que me dejaron sin fuerzas para una larga temporada y el último viaje que hice, fué a Bangladesh. En Dhaka acabaron con las ganas que tenía de trabajar. Volví enferma, del cuerpo y del alma, me despedí de la empresa y casi un año me costó tener fuerzas para seguir con mi vida.
Es muy largo de contar y son muchas cosas, pero intentaré ser muy breve.
Llegabas a un taller sin avisar, y de toda la confección terminada y preparada para embalar, tenías que coger una prenda y revisar la calidad de la confección.
El taller apestaba, no tenía ventilación ninguna, la luz, insuficiente, venáa de unas lamparas con una bombilla pelada que colgaban de un largo cordón desde el techo, había unas 60 mujeres cada una con su maquina directamente en el suelo sobre unos tapetes mugrientos.
Le dije al jefe del taller que me trajera una camisa de uno de los montones allí apilados y después de revisarla le mostré un puño muy mal rematado para que lo desechara. El la miró, buscó la etiquetita con el número de la mujer que la había cosido y la llamó. Ella se levantó y vino hacia nosotros con la cabeza gacha hasta situarse delante de el jefe, que sin mediar palabra alguna, cogió un bate de beisbol que tenía apoyado en la mesa, lo levantó y le asestó tal golpe en la cabeza, que la mujer cayó desplomada a mis piés, como un toro cuando lo rematan con la puntilla. Nunca olvidaré el ruido de su craneo al romperse, el charco de sangre que apareció de pronto, ni el silencio que se hizo durante apenas dos o tres segundos, porque enseguida siguieron todas como si nada hubiera pasado.
¿ Qué se puede hacer? Pues yo, por lo menos, no ser un engranaje más de esa maquina aniquiladora de personas, aunque supongo que alguna otra estará en estos momentos mirando para otro lado para ganar un sueldo que supone lo que varios talleres como aquel ganan en total en un año entero de trabajar de sol a sol.
Igual que todos miran para otro lado y no quieren enterarse de que la mayoría de las marcas están haciendo lo mismo.
Cada uno decidirá lo que hace y lo que compra, pero espero que después de leer algunas cosas, se lo piensen un poco y visiten algunos sitios de internet.
Si la gente que trabaja en ONGs lo hace para salir guapa en la foto, como dicen algunos, estoy segura de que a los que beneficia les importa un bledo y ya quisieran ellos que muchos más trabajaran en la medida de sus posibilidades por ayudarles, aunque solo sea por salir guapos en la foto!
Este es muy interesante, por si quieren saber un poco más.
ROPA LIMPIAAngie