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lunes, diciembre 12, 2011

POR QUÉ TE CALLAS AHORA?

Por Amadeo Martinez Inglés, coronel del ejército español

Recordando la famosísima frase que le dirigiera el monarca español al Presidente venezolano Hugo Chávez, "¿Por qué no te callas?", el coronel del ejército español, Martinez Inglés, se la devuelve ahora al monarca en relación con el affair de presunta estafa multimillonaria protagonizada por su yerno Iñaki Urdangarin.

     

[Img #2996]











  Amadeo Martinez Inglés, coronel del Ejército español


Sí, sí, regio suegro del atlético Urdanga; divino monarca enviado por el Espíritu Santo a este bendito país para velar por la democracia, la felicidad, la salud y el bienestar de sus sufridos ciudadanos; rey sin par que crees provenir del testículo derecho del emperador Carlomagno cuando en realidad lo haces de la pérfida bocamanga del genocida Franco.

  Sí, tú,  último representante en España de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes que a lo largo de los siglos han conformado la foránea estirpe real borbónica culpable del atraso, la ignorancia, la degradación, la pobreza, el odio y la miseria generalizada de centenares de generaciones de españoles; presunto (estamos en un Estado de derecho aunque no lo parezca) malversador de fondos públicos para pagar francachelas sexuales; corrupto máximo en un país donde, desgraciadamente, la corrupción se mama desde la cuna; impune muñidor de una descomunal fortuna personal que nadie en este país sabe de donde ha salido; vil autogolpista castrense en aquél recordado 23-F que organizaste in extremis para salvaguardar tu detestable corona franquista; fratricida confeso (o presunto asesino) en tu juventud; reo de un delito de alta traición a la nación española al pactar en 1975 con el Departamento de Estado norteamericano, ostentando interinamente la Jefatura del Estado español por enfermedad del dictador Franco, la entrega vergonzante a Marruecos de la totalidad de la antigua provincia española del Sahara Occidental (territorio bajo administración española, según la ONU) en evitación egoísta de una guerra con ese país que hubiera puesto en peligro tu tambaleante corona; corresponsable, en consecuencia, del espantoso genocidio posterior (más de tres mil víctimas) cometido por el rey alauí, Hassan II, para dominar el inmenso territorio abandonado por España... tú que mandas callar a voz en grito a jefes de Estado extranjeros.

 

         ¿Por qué callas ahora? ¿Por qué no hablas, y cuanto antes, a los españoles? Primero ¡faltaría más! de las andanzas presuntamente delictivas (los jueces hablarán próximamente) de tu deportivo yerno, ese caradura integral que se ha valido de su matrimonio (con el, seguramente, también delictivo consenso de su gentil esposa) y de la impunidad casi absoluta de que ha gozado hasta ahora la llamada familia real española, para apropiarse de millones de euros del erario público. Con la gentil colaboración de políticos y altos cargos de las derrochadoras y detestables administraciones públicas de este país (central y autonómicas).


         Y en segundo lugar, supremo líder de la ya amortizada monarquía franquista del 18 de julio, y ya va siendo hora, háblanos de todas las irregularidades y presuntos delitos cometidos por tu regia persona, algunos de los cuales acabo de señalar y que este humilde mortal (o plebeyo, como quieras) ha denunciado repetidas veces en los últimos años ante las Cortes Españolas, única institución que puede entender de los mismos en base a la absoluta impunidad constitucional de la que gozas gracias a tu amado generalísimo, el tercer dictador más sanguinario de la historia europea después de Hitler y Stalin. Presuntos delitos de los que más tarde o más temprano tendrás que responder ante el pueblo español y que, no te quepa la menor duda, ocuparán algún día páginas y páginas en la triste historia de este país de la modélica transición y gaitas parecidas.

                  Porque, amigo monarca, ya conoces los populares dichos: "A todo cerdo le llega su San Martín" y "El tiempo coloca a cada uno en su lugar". Y a ti, y a toda tu familia y parentela más o menos cercana de enchufados, vagos y maleantes de toda laya, parece ser que está a punto de llegaros esa suculenta y tradicional onomástica de ancestral raíz gastronómica a la vez que el justiciero "devenir temporal de la historia" os arrincona sádicamente contra vuestro propio latrocinio y contra vuestra y escandalosa corrupción; decidido a bajaros a todos a las negras profundidades del infierno político y social.

 

          El largo tiempo del vino (Vega Sicilia, naturalmente) y las rosas de palacios y lujosas residencias veraniegas (más de siete lustros), gastándoos a espuertas el escaso dinero de los amados y tontorrones súbditos, toca a su fin. Y todos, absolutamente todos los componentes de esa tu despreciable familia real, tendréis que comparecer algún día ante la justicia; unos, como el atlético y descerebrado deportista de elite que creyó que le había tocado la bonoloto cuando la infantita de marras le eligió como dulce esposo de su particular cuento de hadas, muy pronto, porque las pruebas son irrefutables y porque, aunque torpe y lenta, la bella diosa ciega celtibérica de la balanza de oro, no podrá esta vez mirar para otro lado y tendrá que castigar como se merece tanto derroche, tanto latrocinio y tanta vagancia familiar e institucional; otros, como las infantitas borbónicas casadas o separadas temporalmente de sus parejas, que se dejan querer cobrando espectaculares sueldos millonarios de grandes empresas españolas y multinacionales y que, con tribunales o sin ellos, pronto tendrán que renunciar a tanta bicoca; y tú, todavía rey franquista de todos los españoles, aún protegido como estás por la larga mano del dictador y por la nefasta herencia constitucional de unos cuantos pelotas de intramuros del régimen (padres de la patria, qué risa) que parieron una Carta Magna a tu medida haciéndote divino e inviolable... no te confíes demasiado que el horno no está para bollos y muy pronto pintarán bastos en las calles y avenidas de muchas ciudades españolas.


         ¡Deja ya de hacerte el muerto! ¡Deja ya de emplear medios del Estado (aviones militares y demás) para acudir a grandes premios de Fórmula I o torneos internacionales de tenis a la par que eludes con total desvergüenza las escasas y ridículas obligaciones de tu medieval cargo...y habla! Cuéntanos a los españoles si conocías o no las presuntamente delictivas andanzas de tu todavía yerno, el Urdanga ése, y por qué te hiciste el sueco si, como es de cajón, las conocías. Y, también, nos pones al corriente de a cuanto asciende a día de hoy tu amañada fortunita, de como se desarrollaron (sin entrar en detalles morbosos, desde luego) tus pícaras alegrías amatorias con cargo a los fondos reservados del Estado español, de como transcurrió el tortuoso día (23-F del 81) en el que salvaste a todos los españoles... y de todas las demás guarrerías personales y familiares cometidas en tu ya largo reinado.

Así los españoles nos iremos enterando de todo ello sin tener que acudir a Internet y los jueces y los diputados electos del Partido Popular del hoy "muy asustado y mudo Rajoy" podrán ir tomando nota. Para cuando haga falta, naturalmente... 


Canarias semanal

viernes, abril 15, 2011

10 razones


10 razones por las que 10 Kg. de mierda son mejores que un rey a la hora de ocupar la Jefatura del Estado de un país que pretenda ser democrático
Diez motivos para echarse unas risas a cuenta de un asunto tan serio como que somos el último país de nuestro entorno en mantener a un militar no electo en la Jefatura de Estado: Legitimidad de origen, utilidad social, protocolo, permanencia, replicación, prestigio, estabilidad, libertad, austeridad y sinceridad. Libertad de expresión sería poder reirse de lo importante sin miedo al odio oficial.




NOTA PREVIA: Señor fiscal medieval contemporáneo, no le quepa la menor duda: siguiendo la redacción del Código Penal que sus colegas políticos mantienen en vigor, esta sátira nace con la inequívoca intención de "dañar el prestigio de la Corona". Le ruego, disculpe si me río al escribirlo, como sin duda lo hará cualquier ciudadano libre y dotado de un mínimo sentido del humor. ¿Pretendo con ello destruir el sistema, romper el país y ofender el orgullo patrio que anida en los corazones de todos los súbditos de bien? Pues no, nada más lejos de la realidad. El objeto de esta sátira no es otro que el de denunciar el carácter injusto de lo que es objetivamente injusto, y por qué no, tentarle a usted, a que me ayude a poner en evidencia las contradicciones de nuestra curiosa sociedad. Usted me entenderá, señor fiscal… cuan triste debe ser estudiar Derecho tantos años, para terminar impartiendo Justicia en nombre de un soldado franquista disfrazado de rey.
 

PRIMERA: Legitimidad de origen

Pocas substancias son más universales, indiscriminadas y hasta cierto punto "democráticas" que un buen montón de estiércol: no importa si es humano, reciente o semisólido, el hecho es que diez quilos de mierda siempre serán mejores que un gobernante dinástico al frente de la jefatura del Estado. Es preferible un buen mojón de buey, a un vago malgastador, vitalicio, irrevocable, hereditario, impune, militar y amigo de dictadores. En otras palabras: es mil veces mejor lo que sale del culo, que algo que procede directamente de un golpe de Estado.
 

SEGUNDA: Utilidad residual

10 Kg. de mierda, utilizados como combustible orgánico, resultan una excelente fuente de energía. Si optamos por utilizarlos a modo de abono natural, obtendremos un terreno fértil, barato y ecológico. En cambio, allí donde pasa un monarca solo crece un enorme, innecesario e inconfesable gasto público… la cumbre de la malversación sin fondo ni vergüenza.
 

TERCERA. Protocolo

En los actos públicos de alto nivel —de esos, en los que se utilizan caballos para decorar—, cabe siempre la posibilidad de que alguno de los equinos "suelte la pesa" en pleno desfile… en fin, son cosas que pasan, nadie se va a alterar porque un viejo percherón se cague a destiempo. En cambio, es muy probable que si sentamos en la mesa al típico dictador militar de avanzada edad, termine por ocasionar algún incidente diplomático con los representantes electos de países democráticos. Este riesgo se incrementa cuando se trata de autócratas cuyo sentido del ridículo les conduce a ostentar cargos con nombres rimbombantes, como "Archiduque", "Rey" o "Emperador"… más propios de la alta Edad Media que de la era de los bloggers, el iPod, Linux o el Peer-to-peer. Causa desconcierto que un fenómeno como la Web 2.0 pueda ser coetáneo de princesas besadoras de sapos, brujas con escobas voladoras y monarcas con corona y todo.
 

CUARTA. Permanencia

En general, ninguna mierda dura más de una legislatura, circunstancia que no se puede aplicar al soldado que usurpa la jefatura del Estado sin concurrir a elecciones.
 

QUINTA. Replicación

10 Kg. de mierda rara vez se reproducen… cosa que sí ocurre en el caso de los gobernantes antidemocráticos… en parte por la costumbre de no pagar sus propias facturas y en parte, por el desconocimiento o rechazo al uso de métodos anticonceptivos. Se diría que acuden a centros de planificación familiar especializados en granjas de conejos.
 

SEXTA. Prestigio

Si lo pensamos, la buena o mala fama la mierda es cosa de usos y costumbres. Existen tribus de nómadas mongoles que viven en tiendas construidas a base de boñigas de vacuno, y por asombroso que pueda parecer, en esas culturas no es malo habitar rodeados de mierda. En cambio, a nivel universal, pocas cosas están peor vistas que la discriminación, la arbitrariedad, el despotismo, lo que está fuera de lugar, lo caro e inútil, la complicidad con la traición, el nepotismo, lo antidemocrático, etc. Objeto extraño: la Corona, cuyo prestigio inmediato contrasta con la ignominia de su verdadero significado y razón de ser.

 

SÉPTIMA. Estabilidad

A lo largo de la historia, ningún país se ha visto amenazado por 10 Kg. de mierda. La administración pública siempre ha sabido encontrarles alguna utilidad. En caso extremo, se abandona la pila en cualquier lugar y a otra cosa, mariposa. En cambio, ¿cuántas naciones han caído por la estupidez de sus monarcas? ¿Cuántos millones de seres humanos han perdido la vida, víctimas de la codicia genocida de cuatro psicópatas coronados? Pongamos el ilustrativo caso de Europa en los últimos diez siglos: ¿Bajo qué símbolo ha muerto más gente, el de la esvástica nazi o la corona? No cabe duda: 10 Kg. de mierda no suponen una amenaza para ningún país, en cambio, un rey sí.
 

OCTAVA. Libertad

¿Te imaginas que 10 Kg. de mierda te impidieran expresarte con entera libertad? Pues bien, 10 Kg. de mierda no, pero un monarca sí. ¿La prueba? En unos días, en la Audiencia Nacional… sí, sí, en pleno siglo XXI.
 

NOVENA. Austeridad

Mantener a 10Kg. de mierda —criogenizados, por ejemplo— saldría mucho más barato que costear los vicios de todo un equipo de fichas ajedrez integrado por vagos de lujo, funcionarios de libre designación, prescindibles, improductivos, corruptos legales y traficantes de influencias, información, miedo y ambiciones.
 

DÉCIMA. Sinceridad

Mientras los políticos piensen únicamente en ellos mismos y los demás debamos convivir en mitad de tanta injusticia social, resultaría más sincero tener por jefe de Estado a 10 Kg. de mierda. Así, cada vez que viéramos una moneda de Euro, un sello de correos o pusiéramos los pies en una sala de vistas, recordaríamos que algo huele mal en el Estado; recordaríamos a los miles de trabajadores ahogados en el Estrecho o fusilados en nuestra valla;
 nos acordaríamos de los trabajadores asesinados por avaros que ahorran en medidas de seguridad; recordaríamos al ministro de defensa que hizo desfilar a un terrorista junto a su víctima; recordaríamos que desde el golpe de hace 70 años no nos está permitido elegir a nuestro jefe de Estado; recordaríamos que dentro de poco no habrá pensiones, ni escuelas u hospitales públicos… recordaríamos la brutal paradoja entre la flexibilización del mercado laboral  y el endurecimiento del mercado hipotecario; recordaríamos nuestro lugar en la caseta del perro guardián de los Estados Unidos… recordaríamos todas las cosas justas que nos quedan por conquistar… 10Kg. de mierda resultarían mucho más descriptivos que un ignominioso cura rico, extranjero y armado.


(KAOSENLARED)

jueves, enero 13, 2011

De reyes y otros mamarrachos


"Para una persona como yo, nacida en una atmósfera sana y libre, resultaba deplorable presenciar sus humildes y entusiastas desbordamientos de lealtad con el rey, la Iglesia y la nobleza. Como si tuviesen más motivos para amar y honrar al rey, al obispo y al noble de los que tiene el esclavo para amar y honrar el látigo, o el perro para amar al desconocido que le propina un puntapié.

¡Diantre! Cualquier tipo de realeza, por muy modificada que se encuentre, cualquier tipo de aristocracia, por muy podada que se halle, resultan un insulto indiscutible, pero si naces y creces bajo esas condiciones, probablemente no lo descubrirás nunca, y tampoco lo creerás cuando alguien te lo diga.

Todo ser humano debería sentirse avergonzado de su especie al pensar en los mamarrachos que siempre han ocupado los tronos, sin razón ni derecho alguno y al recordar los individuos de séptima categoría que siempre han figurado como miembros de la aristocracia: un elenco de monarcas y nobles que en la mayoría de los casos habrían permanecido en la pobreza y la oscuridad si hubiesen tenido que depender de sus propios esfuerzos, como sus semejantes de mayor valía"

(Mark Twain - Un yanqui en la corte del rey Arturo)
Visto en Etiopica

martes, febrero 23, 2010

23 F (y el Rey salva patria)

Coronel Amadeo Martínez Inglés

Aunque esto tiene ya unos cuantos años, viene bien releerlo y publicarlo de nuevo, aunque solo sea para contrarrestar un mínimo todas las mentiras y vítores que le dedicarán hoy al personaje.

AL Excmo Sr. Presidente del Congreso de los diputados de las Cortes Españolas

Don Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador militar, se dirige a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo siguiente:

Con fecha 23 de septiembre de 2005, y con arreglo a cuanto dispone el artículo 77.1 de la Constitución española, remití al presidente de esa Cámara un exhaustivo Informe (40 páginas) sobre los hechos acaecidos en España en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (popularmente conocidos como la “intentona involucionista del 23-F”) en el que, después de una larga investigación de más de veinte años, presentaba toda una serie de indicios racionales que apuntaban a que el rey Juan Carlos I fue el máximo responsable de su planificación, coordinación, preparación y ejecución. En consecuencia le solicitaba la creación de una Comisión de Investigación, conforme a lo que establece el artículo 76.1 de la Carta Magna, que estudiara, investigara y analizara tan deleznable episodio de la reciente historia de España y depurara las responsabilidades (políticas e históricas, preferentemente) en las que pudo incurrir el monarca español.

En enero de 2006, cuatro meses después del envío del Informe al presidente del Congreso de los Diputados y dada la nula respuesta de éste al mismo, decidí enviar el prolijo documento al presidente del Senado, al del Gobierno de la nación y a los de las más altas instituciones del Estado: Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Consejo de Estado…etc, etc.

Al no obtener ninguna respuesta de esas preeminentes instituciones del Estado (a excepción del Senado que acusó recibo a través de la Comisión de peticiones de esa Cámara), un año después, con fecha 23 de febrero de 2007, presenté personalmente en la sede del Congreso de los Diputados el mismo Informe solicitando de nuevo la creación de una Comisión que investigara el supuesto golpe de Estado del 23-F; visto, además, lo ocurrido en esa Cámara el día 23 de febrero del año anterior, fecha en que se cumplía el vigésimo quinto aniversario de tan desgraciado evento, al rechazar de plano algunos grupos parlamentarios la nota institucional que pretendía difundir su presidente y que, como venía siendo costumbre en los últimos años, señalaba al rey Juan Carlos como supremo y  único “salvador de la democracia y las libertades del pueblo español” puestas en peligro por el golpista Tejero.

Como consecuencia de todo lo anterior y consciente de que ni el Congreso de los Diputados, con su señor presidente al frente, ni el resto de autoridades a las que había dirigido el documento se iban a molestar en acusar recibo del mismo decidí, en febrero de 2008, publicar todas mis investigaciones sobre el rey Juan Carlos en forma de libro (“Juan Carlos I, el último Borbón”), un extenso trabajo sobre la vida del monarca español en el que analizo, después de muchos años de estudio y dedicación, no sólo el ya comentado asunto del 23-F sino algunas de las numerosas y graves irregularidades políticas, militares, familiares, económicas… que ha protagonizado a lo largo de sus tres décadas largas de reinado. Muchas de estas irregularidades son, obviamente, presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia.

El 4 de abril de 2008, tras las elecciones de 9 de marzo y constituidas las nuevas Cortes Generales salidas de la voluntad popular, me dirigí por primera vez a VE como presidente del Congreso de los Diputados para, en virtud de lo que contempla el ya citado artículo 77.1 de la Carta Magna española, exigir la creación de la ya repetidas veces solicitada Comisión parlamentaria que procediera de inmediato a estudiar e investigar las muy claras responsabilidades del monarca español en los hechos que le denunciaba, y que son los siguientes:

1º.-  La llamada durante años “intentona involucionista del 23-F” y que en realidad no fue tal sino una chapucera maniobra borbónica de altos vuelos, al margen de la Constitución y de las leyes, para cambiar el Gobierno legítimo de la nación en provecho de la Corona.

2º.-    La creación y organización de los autoproclamados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), compuestos por determinados estamentos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército (de los que el monarca español tuvo conocimiento antes de que empezaran a actuar a través de documentos reservados del CESID) y que cometieron, con métodos expeditivos criminales, por lo menos veintiocho asesinatos de Estado y un secuestro.

3º.- El sorprendente y rápido enriquecimiento de su familia (en treinta años ha pasado de la indigencia más absoluta a disponer de una de las mayores fortunas de Europa, según informaciones de toda solvencia que no han sido desmentidas por La Zarzuela).

4º.- La aceptación continuada de regalos y donaciones por parte de particulares (yates, coches…) que lógicamente harían los interesados persiguiendo algo a cambio.

5º.-  Los pagos con fondos reservados de Presidencia del Gobierno y de los ministerios de Defensa e Interior para enfrentar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español, que disponía de comprometedores vídeos sexuales con el rey Juan Carlos.

6º.- La desgraciada muerte del infante D. Alfonso de Borbón en “Villa Giralda” (residencia de los condes de Barcelona en Estoril) el 29 de marzo de 1956 y que al hilo de los análisis profesionales incluidos en el trabajo de referencia dejan bastante claro que el supuesto accidente pudo ser en realidad un fratricidio premeditado.

El 8 de octubre de 2008, me dirigí  por segunda vez a VE adjuntándole un informe sobre la anómala actuación del monarca español (entonces príncipe de España y a cargo interinamente de la jefatura del Estado español) en relación con la entrega a Marruecos, en noviembre de 1975, de la antigua provincia española del Sahara Occidental. Del que se desprende que, con arreglo a testimonios e investigaciones históricas de toda solvencia, Juan Carlos de Borbón pudo cometer presuntos delitos de alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio del pueblo saharaui, en grado de colaboración necesaria.

Con fecha 2 de marzo de 2009, y con casi un año de retraso, recibí  por fin el correspondiente acuse de recibo al primero de mis escritos dirigido a su autoridad, firmado por la jefa del Departamento de Registro y Distribución de Documentos del Congreso de los Diputados, en el que me comunicaba que el citado documento había tenido entrada en esa Cámara y que había sido trasladado a la Comisión de Peticiones de la misma para “su oportuno estudio y tramitación”.

En diciembre de 2009, diez meses después de que me llegara la notificación señalada en el apartado anterior, vista la escasa premura con la que se había desempeñado la siempre laboriosa Cámara Baja de las Cortes Españolas en el tema del acuse de recibo a mi escrito de denuncia del rey y ante las puertas de lo que VE ha denominado públicamente como “período hábil entre sesiones” y para el resto de los mortales no dejan de ser unas descomunales vacaciones de Navidad y año Nuevo (48 días), con el peligro añadido de que pasaran decenios antes de que volviera a saber algo de ese “oportuno estudio y tramitación” por parte de la Comisión de Peticiones del Congreso…decidí dar un paso más en la, sin duda, ardua tarea profesional que yo mismo me he impuesto dando a conocer al pueblo español, a través de un nuevo libro (“La Conspiración de mayo”), las últimas y sorprendentes revelaciones sobre el 23-F que obraban en mi poder tras muchos años de investigaciones en lo más reservado del estamento militar. Y que aclaran de una forma definitiva, radical, irrefutable… las tramas, los contubernios y los espurios pactos que jalonaron la larga planificación, preparación y ejecución de tan desgraciado evento de nuestra historia reciente. Revelaciones inéditas que, ingenuamente, venía reservando como oro en paño para ponerlas a disposición de sus señorías cuando de verdad quisieran depurar las altas responsabilidades que a día de hoy, y en relación con ese falso golpe militar, apuntan indefectiblemente hacia la borbónica figura del todavía “rey de todos los españoles”.

Algo debía hacer, sin duda, a título personal, ante la pasividad culpable de la Cámara que VE preside que, resulta meridianamente claro, ha elegido el inconveniente camino del silencio administrativo, el mirar para otro lado y el marear la perdiz ante las gravísimas y reiterativas denuncias presentadas por un ciudadano español contra el actual jefe del Estado; efectuadas, eso sí, tras muchos años de investigación y apoyadas, además, en irrefutables indicios racionales de culpabilidad del mismo en presuntos delitos de golpismo, terrorismo de Estado, malversación de fondos públicos, corrupción… etc, etc. Y ese algo debía ser el sacar a la luz pública, el desvelar por primera vez a los medios de comunicación y a la sociedad española en general uno de los misterios mejor guardados de la transición española, un absoluto secreto militar dormido durante décadas en las entrañas del “gran mudo” castrense español, presentando como nació, se preparó, estudió y organizó el golpe duro “a la turca”, la gran apuesta golpista denominada “Operación Móstoles” dentro de un movimiento militar (un nuevo “Alzamiento Nacional”) de corte franquista que, preparado para ponerse en marcha en la madrugada del 2 de mayo de 1981, hubiera podido conducir al país a una nueva guerra civil. Y para desmontar el cual, saltándose a la torera la Constitución y las leyes, el rey de España no dudó en dar el placet a sus generales cortesanos (Armada y Milans) para que planificaran y ejecutaran, en estrecho contacto con los principales partidos políticos del arco parlamentario español, la chapucera maniobra político-militar-institucional que inmediatamente sería conocida en España y en todo el mundo como el “golpe involucionista del 23-F”.

Señor presidente del Congreso de los Diputados: En poder ya del pueblo soberano mis últimas investigaciones sobre el 23-F y con ellas el secreto mejor guardado del Ejército español en relación con la trama que lo hizo posible y, por lo tanto, a disposición de las Cortes españolas que pueden conocer de primera mano como se fraguó uno de los hechos más controvertidos de la reciente historia de este país, y con mi ofrecimiento más leal para que tanto el Congreso de los Diputados como el Senado puedan recibir toda la información complementaria que precisen sobre tan importante asunto, me permito solicitar de VE lo siguiente:

Que con arreglo a lo que contempla el artículo 76.1 de la Constitución española, y puesto que ni puede ni debe ser asumido por el pueblo español y sus instituciones el lamentable hecho de que la jefatura del Estado esté ocupada por un presunto delincuente culpable de delitos de golpismo y terrorismo de Estado, se constituya con urgencia en la Cámara que VE preside una Comisión de Investigación que depure las responsabilidades del actual rey de España, Juan Carlos I; tanto en los hechos acaecidos en este país en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (denominados indebidamente desde entonces por los poderes públicos como “intentona involucionista a cargo de militares y guardias civiles nostálgicos del anterior régimen”) como en los ocurridos entre los años 1983-1986 relacionados con la guerra sucia contra ETA (28 asesinatos y 1 secuestro) a cargo de mercenarios y miembros de los CFSE y del Ejército. Así como en aquellas otras actividades presuntamente delictivas en las que haya podido intervenir o conocer el actual monarca español y que se presentan, estudian y valoran en los periódicos informes que este historiador se ha permitido enviar a las Cortes españolas.

Y como incuestionable corolario, ante la gravedad de los delitos presuntamente cometidos por Juan Carlos de Borbón tanto en el desempeño de sus atribuciones constitucionales como en aquellas otras que manifiestamente no lo eran o atentaban contra ella, se proceda por el Congreso de los Diputados (máxima representación del poder soberano del pueblo español y única institución nacional que pude hacerlo constitucionalmente) a iniciar los trámites oportunos y urgentes para que las Cortes españolas, de acuerdo a lo que recoge el artículo 59.2 de la Carta Magna, puedan “reconocer la inhabilitación” del actual rey de España, Juan Carlos I, para seguir ostentando la jefatura del Estado español a título de rey.

Sin perjuicio de las responsabilidades de todo tipo (incluidas las penales) que en un Estado verdaderamente democrático y de derecho, en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, podrían serle atribuidas en el futuro al ciudadano Borbón y que, vuelvo a repetirle una vez más, señor presidente del Congreso, tienen que ver con gravísimos, y de momento presuntos, delitos de golpismo, terrorismo de Estado, malversación de fondos públicos, fratricidio premeditado,  corrupción… etc, etc.

Y por último, señor presidente del Congreso de los Diputados, si la Cámara que VE preside piensa seguir despreciando y obviando mis denuncias como ha venido haciendo estos últimos cinco años o hibernándolas a perpetuidad (para estudio y tramitación) en la Comisión de Peticiones de la misma, como ha hecho en los últimos diez meses y parece ser quiere seguir haciendo en el futuro, le ruego me comunique oficialmente ante que autoridad de este país, y en que forma, debo formularlas a partir de ahora. Porque, desde luego, el historiador militar que suscribe no va a renunciar en absoluto a que el pueblo español sepa, clara y contundentemente, que clase de “salvador de la democracia” ocupa la jefatura del Estado y, además, está convencido de que, aunque la sacrosanta Constitución del 78 especifica con rotundidad manifiesta que este hombre (o dios), el rey, es inviolable e irresponsable ante la justicia de los hombres (esperemos que ante la divina, no), algún mecanismo debe existir en un Estado democrático y de derecho como se supone es el español de hoy, para poder sentarlo en el banquillo si se demuestra que ha cometido delitos execrables.

Mecanismos democráticos, como los puestos en marcha recientemente en un país en vías de desarrollo y, en teoría, menos respetuoso que España con los parámetros propios de un Estado de derecho como es Perú, en el que se acaba de condenar nada menos que a veinticinco años de prisión al ex presidente Alberto Fujimori, por unos delitos prácticamente iguales a los presuntamente cometidos por el rey Juan Carlos I en la década de los ochenta del siglo pasado: golpismo y terrorismo de Estado.

Porque, de no ser así, señor presidente del Congreso de los Diputados, si el actual jefe del Estado español (a título de rey por deseo testicular del dictador Franco; asquerosa eyaculación política que, sin embargo, aceptó sin rechistar la aborregada y cobarde ciudadanía de la época con sus dirigentes políticos a la cabeza) está por encima de las leyes y de la justicia de los hombres, dígame en que se diferencia VE de, por ejemplo, el antiguo presidente de las Cortes franquistas y del Consejo del reino, el falangista Rodríguez de Valcárcel. Ante quien, por cierto, el 22 de noviembre de 1975 juró fidelidad a los principios fundamentales del Estado fascista salido de julio de 1936, el actual rey de España, Juan Carlos I, el último Borbón.

Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 16 de febrero de 2010


martes, julio 28, 2009

Un ERE para La Zarzuela



España, como el resto de Europa y el mundo, sufre estos días una formidable crisis económica y financiera de consecuencias todavía imprevisibles. Nuestro presidente del Gobierno, el optimista y despistado señor Rodríguez Zapatero, que hace escasas semanas todavía andaba por ahí pegando patadas en la espinilla a cualquiera que osara pronunciar en su presencia la palabra maldita, ahora, después de caerse estrepitosamente del caballo a golpe de disgusto, la tiene permanentemente en su pensamiento y no para de viajar por Europa y Asia (y si le dejan, en un próximo futuro por la América profunda de su “amigo”Bush) tratando de quitarle la espoleta antes de que sea demasiado tarde y el tejido bancario español (según él uno de los mejores y más solventes del mundo) empiece a deshilacharse rápidamente como ya ha empezado a ocurrir en otros países de nuestro entorno, seguramente peores y menos solventes, pero más ricos que nosotros.
        
Pero de momento, hasta que el “tedax” Zapatero consiga desactivarla con más y más reuniones de alto nivel (que él propone y otros gestionan) esta crisis galopante está poniendo contra las cuerdas al país entero y los ERE,s (Expedientes de Regulación de Empleo) empiezan a surgir como setas en otoño en  toda clase de sectores productivos de la nación: construcción, automóviles, turismo, alimentación, hostelería…etc, etc. Hasta (cosas veredes, Sancho) los accidentes de coche (que llevábamos lustros sin poder controlar) y las multas de tráfico (que hasta hace muy poco crecían exponencialmente) están disminuyendo en las últimas semanas como consecuencia de la drástica reducción de los kilómetros recorridos por el conductor medio español, ante los sofocos que pasa cuando acude al surtidor.    

La crisis, está claro, no respeta nada ni a nadie y hasta instituciones tan altas, nobles y tradicionales como la monarquía española empieza a sufrirla en sus carnes al decaer ostensiblemente las actividades lúdico/festivas que desde siempre han sido fundamentales para su supervivencia y que en cierto modo justifican su razón de ser: regatas (con el Bribón en cabeza), cacerías de especies protegidas en países africanos y del Este de Europa, esquí en Suiza, carreras de caballos en Londres,  turismo oficial por Extremo Oriente, bodas reales con viaje de Estado incluido, onomásticas de miembros (y miembras) de la realeza europea en el exilio (también con viaje de Estado previo), recepciones de mandatarios extranjeros (con preferencia dictadores y tiranos árabes con petrodólares)…etc, etc
        
Por todo ello, y puesto que los ERE,s están desgraciadamente en el candelero en este país y afectan a todos, al humilde historiador que redacta estas líneas se le acaba de ocurrir, sin un ápice de acritud por supuesto, que quizá fuera bueno que la empresa nacionalizada por Franco “Ente Público Hereditario Español La Zarzuela SL (EPHELZSL)” se acogiera también a la legislación vigente y solicitara de la autoridad competente (Las Cortes españolas) un Expediente de Regulación de Empleo de, por lo menos, un año de duración (prorrogable indefinidamente) y que afectara a la totalidad de la plantilla de su principal departamento: el de “divertimentos y relaciones internacionales”. Empezando ¡claro está! por su director general, don Juan Carlos de Borbón (antiguo cadete Juanito) y su profesional esposa Doña Sofía (alias La Griega); continuando después por el heredero de tan benemérito chiringuito institucional, el espigado porno/trabajador de la revista El Jueves don Felipe de Asturias y su morganática esposa que, después del último “restyling” que le hemos pagado todos los españoles, exhibe menos nariz y más tetas; y terminando por el último de los alabarderos incorporado al Regimiento de la Guardia Real (antes del Generalísimo) que, evidentemente, no tiene ninguna culpa de que el capitalismo occidental haya entrado en crisis por la codicia y la estupidez de los banqueros, pero que tampoco tiene por qué ser más que cualquier trabajador de  multinacional arrojado a las tinieblas del paro por el siniestro espantajo de un ERE oportunista.

Sólo existe un pequeño inconveniente para que esta regia regulación laboral pueda ser efectiva y sirva para que los ciudadanos de este país empecemos a ahorrarnos los casi nueve millones de euros (mil cuatrocientos millones de las antiguas pesetas) que nos cuesta el  “rescate” anual de tan inútil organización empresarial y que, por cierto, el próximo año (de congelación salarial, sangre, sudor y lágrimas) verá aumentado sus emolumentos en 230.000 euros (38 millones de pesetas). Me estoy refiriendo al tradicional y simpático (Rajoy lo llamaría de otra forma) discurso de Navidad del jefe del Estado. Si el rey está de baja laboral ¿quién dirige a los ciudadanos el trascendental mensaje que guíe sus almas durante los doce meses siguientes?

Pues sí, no deja de ser un pequeño problema pero creo que con fácil solución. Por los servicios competentes de TVE se podría rescatar, ahora que estamos en plena fase de ejecución de la ley de la “memoria histórica”, un buen discurso de Navidad de Franco, a poder ser de su primera época cuando tenía menos voz de vicetiple y más mala leche, y así muchos jóvenes de este país, que nunca conocieron la dictadura, podrían deleitarse con la castrense fisonomía del fundador del régimen “democrático” que disfrutamos en la actualidad; y, por supuesto, del no tan democrático que le precedió.

Y si esto del discurso de Franco no gustara demasiado a los ejecutivos de TVE, entonces se podría poner al alcance de todos los españoles el vídeo de la ceremonia del 23 de julio de 1969, en la que el entonces príncipe Juan Carlos agradeció a su caudillo y mentor la designación como su heredero a título de rey, con aquellas memorables palabras:

"Mi general, señores ministros, señores procuradores:

Acabo de jurar, como sucesor a título de rey, lealtad a Su Excelencia el jefe del Estado y fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y Leyes Fundamentales del Reino.
Quiero expresar, en primer lugar, que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco, la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes, pero necesarios, para que nuestra patria encauzase de nuevo su destino."

¿A que sería una buena solución? Yo pienso modestamente que sí pues muchos españoles podrían así darse cuenta, muchos años después, de la rueda de molino que les hicieron tragar en diciembre de 1978 a cuenta de unas supuestas libertades y unos deseables derechos que, en buena medida, la modélica transición perdió por el camino. 

Lo dicho. ¡Un ERE para La Zarzuela! Crisis sí, pero para todos.

*Amadeo Martínez Inglés es coronel del Ejército, escritor e historiador